Normalmente subo textos relacionados con "poesía" si se puede llamarlos así, esta vez subo un cuento corto que escribí bajo la consigna de que estuviera relacionado con la Terminal de colectivos de Mendoza. Como siempre acompaño con la siguiente música:
Bajó del
colectivo que la traía en “apenas” 12 horas de Buenos Aires a Mendoza. En su
cuerpo todavía yacían las marcas de la incomodidad del bajo presupuesto. Pero
ya no importaba, estaba en la Terminal de ómnibus de Mendoza. En la Mendoza de
sus recuerdos, por fin (el auxiliar a bordo se despidió amablemente).
Mientras
caminaba los pasillos esquivando personas, o más bien despedidas, reflexionó
sobre la nostalgia de no ser la misma que 10 años antes había caminado esas
calles (esquivó un maletero impaciente). Aquella que tomaba cerveza con buena
compañía durante las noches de poesía. La que aprovechaba el viaje en micro de
media hora como excusa inexpugnable para leer a Galeano o para pensar en
porvenires (ahora un niño se interponía en el camino).
¿Serían los
mismos veinte minutos de caminata al centro acompañados de rigurosos análisis
de vida? (el mate de la vidriera está a buen precio). Seguramente los adoquines
no tendrán la misma forma, como tampoco las caras atrapadas en la memoria. Tampoco
las montañas, fieles testigos de sus casi treinta años de caminar (una mujer
llora abrazando a un hombre, que tristes son las despedidas).
El cielo
tendrá otro azul, diferente del de los recuerdos pasados de añoranzas contrapuestas.
Y ahí, ahí mismo cruzando el Soppelsa que siempre fue una cruel tentación, se
dio cuenta que nunca será esa misma mujer. Pero tampoco la ciudad será la misma
(un vendedor le ofrece un pasaje para Santiago). Y pensó para sí misma que la
evolución era una perra despiadada que no perdonaba a nadie ni nada. Todo
cambia.
Salió de la
terminal buscando en su mochila el peso cuarenta para el colectivo a casa, si
es que todavía costaba eso.



