Camino por el aeropuerto buscando el Gate 30K. De repente mis oídos se invaden de "The sound of silence" de Simon & Garfunkel. El momento parecía perfectamente musicalizado. La gente sin caras camina como zombies. Algunos mal dormidos, otros porque perdieron su esencia hace rato. Y me tienen que creer cuando les digo que es fácil perder nuestra esencia, nuestro yo en estos lugares. Pasillo infinito. Camino y camino, solo hay negocios de plástico alrededor, comida de plástico, marcas, ropa, perfumes, alcohol, golosinas. Cosas más cosas, que llenan nuestro vacío existencial y ocultan que no somos nada. Somos ese número de asiento impreso en un boarding pass que nos van a pedir amablemente (a veces no tanto) los empleados de la aerolínea, mientras nos empujamos unos a otros tratando de llegar a ese tan ansiado asiento. Esas aerolíneas que usamos para movernos por el mundo: para visitar gente, para trabajar, para cumplir "sueños". Sueños que a veces son solo frivolidades de la vida moderna. Tachar de la lista donde hemos estado un lugar más. Demostrar que somos tan cool, tan cosmopolitas que podemos viajar y de paso enrrostrarlo a través de facebook. Así la gente que no puede o no quiere se siente más miserable y nosotros nos sintamos menos nada.
Una mujer me cruza y su cara tiene más operaciones que las que hemos tenido los 5 miembros de mi familia. De seguro piensa que eso la hace bella, se siente mejor, así seguramente la van a querer y los hombres desear. Pero de seguro es su nostalgia de juventud la que la engaña cruelmente haciendole creer eso. Sus carteras de 3000 euros son solo un triste disfraz en el carnaval de la frivolidad. Una pena, realmente.
No mucho más allá, un par de niños juega a ser adultos disfrazados de grandes. Mientras sus padres evitan que cometan el peor de los pecados de querer ser infantes y ensuciarse un poco ¡Cómo se les ocurre!
Un poco más cerca, un hombre de negocios piensa que ya ha conquistado el mundo (o por lo menos lo que él cree que es el mundo). Con la billetera llena, el billete para primera clase y la foto de su familia perfecta pronta a ser exhibida. Felicidad de plástico, trabajo de engranaje, foto de familia perfecta de facebook. Hasta que un día (si es que llega), se dará cuenta de que es solo un número en un bono de sueldo gordo que ayer era de él y mañana será de otro ávido y ambicioso joven que "se sepa vender".
Es que somos eso, números. Número de documentos, de pasaporte, de permesso di soggiorno, de boarding pass, mientras la policía aeroportuaria nos vigila atentamente con sus cámaras negras medio ocultas en el techo.
- Il suo biglietto per favore signora.
- Ecco il biglietto e il mio passaporto.
- Buon viaggio!